Vinos mágicos. Recuerdos entrañables.
Conocí a Álvaro en el 94 gracias a mi padre, y años después probé su añada del 95. En mi viaje de novios, en el 97, tomé un Les Terrasses en el Tribeca Grill, el restaurante de Robert De Niro en Nueva York.
Desde entonces, le compro vino desde hace ya más de 30 años. Álvaro ha llevado el Priorat a lo más alto, haciendo vinos de clase mundial. Lo que ha conseguido en estos años es sencillamente insuperable.
Sin perder la humildad ni la cercanía, se define como lo que es: “un humilde agricultor”. Y yo le admiro profundamente. Como decía mi padre Pascual, Álvaro es el hombre del vino en España con más intuición. Para mí, ya es un sabio y le quiero.