Pioneros y amigos en un pueblo con nombre de vino.
Hablar de Yllera es hablar de una bodega que ha estado presente en la memoria vinícola de muchos desde hace décadas. En la mía, desde siempre.
Recuerdo las largas conversaciones de mi abuelo Pascual con Jesús, al poco de morir mi abuela… y después, de irse su hermano Pepe.
Pepe y Jesús los impulsores del proyecto.
Clásica, cercana y valiente, ha sabido renovarse sin renunciar a su esencia. Espumosos finos y bien elaborados.
Tintos con personalidad, bien ensamblados desde siempre, que valen mucho más de lo que cuestan. Y el estandarte de sus blancos.
Un equipo que cuida los detalles, la imagen y el fondo. Una familia del vino que ha sabido mantenerse fiel… y avanzar, como sigue avanzando nuestra amistad. Marcos y Carlos se ocupan bien de ellos y su padre sigue con ellos al pie del cañón. Amigazos.